Arrepentimiento Genuino y Completo. Por Jaime Fasold
De todos los personajes del A.T., hay pocos que han conquistado el corazón de tantos lectores bíblicos, sean niños o adultos, como David.  Hay varias razones

1. La gran cantidad de información sobre su vida en los libros de 1ª y 2ª de Samuel, el primer capítulo y medio de 1ª de Reyes, 19 de los 29 capítulos de 1 Crónicas, un gran número de Salmos suyos, y un surtido de referencias en el N.T.  David no es una incógnita para nosotros; le conocemos bien.  Hemos podido seguir la trayectoria de su vida desde su juventud hasta su vejez.

2. La variedad de experiencias que tuvo.  Era pastor de ovejas, músico, soldado, poeta, fugitivo, exiliado, general militar, y rey.  ¿Quién no puede encontrar alguna experiencia en común con David?

3. Era un hombre muy humano.  Tenía ilusiones y sueños, pero también se desanimaba y lloraba.  Experimentó grandes victorias, pero también sufrió más de una derrota.  Le admiramos como un gran hombre de Dios.  A la vez, reconocemos en David las mismas debilidades y tentaciones con las cuales todos luchamos.  

Lo interesante es que Dios también tuviese un cariño muy especial por David.  Le describe como “un varón conforme a mi corazón” (1 S. 13:14; Hch. 13:22).  ¿Qué había en David que mereciese tal elogio por parte de Dios?  

Si quieres saber cómo es una persona, obsérvale cuando se encuentra bajo la presión de grandes retos y dificultades.  Las presiones y dificultades de la vida no determinan lo que somos, sino demuestran lo que somos porque en momentos de presión, lo que llevamos dentro suele salir, mostrando lo que realmente somos.

Si tuviera que elegir los tres problemas más grandes que tuvo David durante su vida diría que tuvieron que ver con tres personas: Goliat, Saúl y Betsabé.  Su relación con Goliat y Saúl demostró características positivas de su carácter que haríamos bien en cultivar en nuestra vida.  Pero, ¿qué podemos sacar de positivo de su relación con Betsabé?

Leer 2 Co. 7:8-10

Solemos limitar nuestro uso de la palabra “arrepentimiento” a la experiencia de la salvación.  Sin embargo, este texto indica que los creyentes también necesitan arrepentirse.  Debido a la gran carnalidad de los corintios Pablo les escribió una carta que produjo mucha tristeza en ellos.  Pablo habla de dos clases de tristeza:

1. según Dios (“conforme a la voluntad de Dios”, BLA) -v. 9.  Esta clase de tristeza produce arrepentimiento genuino, lo cual produce “salvación”, no en el sentido de vida eterna, sino de soluciones a los problemas.  El salmista frecuentemente emplea la palabra “salvación” en este sentido.

2. según el mundo- v. 10.  Aunque Pablo no explica en este texto en qué consiste esta clase de tristeza, a base de lo que todos hemos observado:

2 Samuel 11 nos describe (1) su adulterio con Betsabé, (2) su intento de encubrir su pecado, invitando al marido de Betsabé a pasar la noche con ella para que pensaran que el niño era fruto de su unión con Urías; y (3) su asesinato en segundo grado de Urías por dar órdenes al general del ejército de colocarle en un lugar de la batalla donde encontraría una muerte segura porque Urías se negó a pasar la noche con su esposa.  Lo que hizo que el pecado de David fuese tan triste es que:

Sin embargo hay dos lecciones que podemos sacar de su experiencia con Betsabé.  David demuestra (1) en qué consiste el arrepentimiento bíblico, y (2) que es posible ser restaurarse espiritualmente mediante un arrepentimiento que sea genuino y completo.  El arrepentimiento bíblico consta de tres pasos.  David…

 

A. Asumió la responsabilidad por su pecado (2 S. 12:1-14)

No sabemos cuánto tiempo pasó entre su pecado con Betsabé y su encuentro con el profeta Natán.  Lo que sí sabemos es que David no negó su culpabilidad, no buscó excusas, ni culpó a los demás, sino que asumió la responsabilidad por su propio pecado.  Nada más oír las palabras de Natán, “Tú eres aquél hombre”, David respondió: “he pecado contra el Señor.” (2 S. 12:7, 13)

Por el contrario, el rey Saúl nunca asumió la responsabilidad por su pecado. En 1 S. 13 Saúl se encontraba en Gilgal con sólo 6.000 soldados que se preparaban para hacer batalla contra los filisteos (v. 5).  Samuel tenía que venir para ofrecer holocausto y pedir la bendición de Dios sobre ellos.  Pero tardaba.  Y, debido a la impaciencia y miedo que sentía, Saúl ofreció el holocausto.  Justo en aquel momento Samuel apareció.  Cuando Saúl fue confrontado con su pecado se amparó en las circunstancias y culpó a los demás.  “Como vi que el pueblo se me dispersaba, que tú no llegabas dentro de los días señalados y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, me dije: ‘Ahora los filisteos descenderán contra mí en Gilgal, y no he implorado el favor del Señor.’  Así que me vi forzado y ofrecí el holocausto.” (1 S. 13:11-12). 

En 1 S. 15, cuando Samuel le condenó por no destruir todo el ganado de los amalecitas y por dejar con vida a Agag, rey de Amalec,  Saúl negó cualquier responsabilidad, culpando a los demás.  “Yo obedecí la voz del Señor.  Más el pueblo tomó del botín ovejas y bueyes para ofrecer sacrificio al Señor tu Dios en Gilgal.” (vv. 20-21)  Saúl nunca asumió la responsabilidad por su propio pecado, sino que siempre culpó a los demás.

“El que encubre sus pecados no prosperará; más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Pro. 28:13).

 

B. Aceptó la disciplina divina sin quejarse (2 S. 12:10-20)

En los vv. 11-12 Natán indica a David cuáles serán las consecuencias de su pecado: la familia real será asediada continuamente por la violencia; sus esposas serán violadas; y el hijo que ha engendrado con Betsabé morirá (2 S. 12:10-14).  Arrepentirse no significa que nos escapamos de las consecuencias. 

Dios tiene varias formas de disciplinarnos:  

Una de las señales de un arrepentimiento genuino y completo es que el pecador no se queja de la disciplina o las consecuencias, sino que las encaja sabiendo que merece todo lo recibido y mucho más.  En el momento que se queja del trato recibido, vuelve al primer paso.  David mostró en varias ocasiones que había aceptado la disciplina divina:

 

C. Reparó el daño causado por su pecado hasta donde
le fue posible (2 S. 2:24-21)

Tenemos todo derecho a cuestionar el supuesto arrepentimiento: del ladrón que no devuelve lo que robó; del mentiroso que no rectifica en privado / públicamente la mentira que contó en privado / en público; de la persona que arranca dos dientes a una persona a quien dio una bofetada si no paga de factura del dentista.  Porque el verdadero arrepentimiento intenta reparar el daño hecho hasta donde sea posible.

El daño se repara no sólo con actos sino también con palabras.  Cinco palabras, sólo cinco palabras – “Me equivoqué.  Lo siento.  Perdóname.” – son capaces de cubrir una multitud de pecados.

Algunos daños son imposibles de reparar.  A veces la única opción que le queda al pecador es reconocer su pecado, aceptar la disciplina y las consecuencias del mismo, y pasar el resto de su vida sabiendo que ha un hecho daño a otras personas que no admite ningún arreglo.  Aunque David no podía devolverle la vida a Urías, se casó con Betsabé y la cuidó el resto de su vida, en lugar de marginarla y así condenarla a una vida de pobreza y estigma.

Este no es el momento de tratar la cuestión de por qué Dios permitió que David y a otros personajes del A.T. tuvieran más de una esposa.  Lo importante notar aquí es que David intentó reparar el daño que hizo hasta donde le fuera posible.

Habría sido mucho más fácil para David como un personaje público olvidarse de Betsabé, obligándola a vivir lejos del palacio para que los consejeros reales y el público no recordaran su pecado cada vez que la veían al lado de David.  Pero, David mostró el tercer elemento de un verdadero arrepentimiento y se casó con ella (2 S. 12:24).

No sé lo que es, pero hay tan pocos que después de cometer un pecado sexual recuperan una vida cristiana normal.  Quizás sea porque la vergüenza es demasiada grande para ellos, el camino hacia una recuperación espiritual es demasiado largo y penosa, o en el proceso se enfadan con Dios. 

Pero, hay una salida: el arrepentimiento genuino y completo.  (Illustration Gordan McDonald)

Tanto el pueblo de Dios como sus líderes van a pecar, a veces cayendo hasta límites inimaginables.  Cuando eso ocurra, es importante que respondamos con un arrepentimiento que sea bíblico y genuino. 

©2011 Iglesia Evangélica de Amara | Todos los derechos reservados.