EL MATRIMONIO: "Un equipo soñado por Dios"

El pasado día 5 de Abril mi esposa y yo celebramos nuestro 30º aniversario de boda. Llegado a este punto del camino, bien podemos decir que ha merecido la pena el recorrido que juntos hemos hecho; lo vivido y lo sufrido, lo disfrutado y lo aprendido.


Llegamos al matrimonio con nuestra historia personal y con una maleta llena de buenos deseos, sueños y proyectos. Muchos de ellos se han cumplido y con otros aún estamos en ello. Pero merece la pena seguir creciendo y envejeciendo al lado de la persona a la que una vez prometimos amor eterno.

El matrimonio es la más íntima de todas las relaciones humanas. Y es tan íntima esta relación, que la Biblia lo expresa de esta manera: “dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24). En esta expresión: “una sola carne”, se destaca que en el matrimonio se crea una nueva unidad. Y para conseguir esto no solamente hay que dejar el hogar paterno sino que hay que abandonar el enfoque individualista y egoísta de la vida. Pues el matrimonio fracasa, cuando uno le dice al otro: “esto es mío”. Esta es “mi casa, mi trabajo, mis hijos, mis cosas, mi dinero….”. Y allí donde ya no se dice “nuestro”, el matrimonio fracasa.

El matrimonio fue diseñado por Dios para el compañerismo y la ayuda mutua, para el disfrute el uno del otro y también para la procreación, con la llegada de los hijos, si los hubiere. El matrimonio es un vínculo. Un vínculo total y una renuncia definitiva a la independencia personal.

La manera que tiene la Biblia de entender el matrimonio es como un PACTO. Empleo esta expresión porque es la que mejor define la singularidad del matrimonio cristiano. Pacto es un término bíblico y Dios es un Dios de pactos. Y el matrimonio es un pacto, entre dos partes. Un pacto de lealtad y un compromiso de fidelidad, entre un hombre y una mujer, para toda la vida. El pacto matrimonial tiene una dimensión social, externa e incluso legal. Pero el centro del pacto matrimonial es la relación personal de un amor entregado. La frase “hasta que la muerte nos separe”, tan común en las ceremonias matrimoniales, es una frase de pacto, de pertenencia y de permanencia.

El pensamiento secular a abandonado la idea bíblica del matrimonio y se ha limitado a considerarlo solo como un contrato. Pero todo matrimonio duradero implica un compromiso incondicional con una persona imperfecta. De esta manera, los pactos matrimoniales se caracterizan por promesas incondicionales. El amor incondicional es la característica principal de un pacto matrimonial. Existen posas cosas tan edificantes para una persona casada como experimentar el amor incondicional de su cónyuge. Esto significa que podemos mirar las imperfecciones del otro y decir: “No me importa cómo te encuentres, yo estaré a tu lado y te ayudaré a crecer, así como yo estaré aprendiendo también, juntamente contigo”.

De esta manera, cada uno de nosotros podemos convertir nuestro matrimonio en un dúo o en un duelo y podemos ser la clave o el clavo. De nosotros depende que nuestra relación matrimonial se convierta en una luna de miel y no en una luna de hiel. Pero para conseguir esto es necesario contar con Jesucristo a nuestro lado, pues el nos dice: “Separados de mí nada podéis hacer” S. Juan 15:5.

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